Dieciocho millones de españoles votaron, hace hoy una semana, al PP o al PSOE. Dieciocho millones de personas a las que, al parecer, les trae sin cuidado el recochineo al que nos tienen subyugados ambos partidos y que nos ha conducido a un total y absoluto sometimiento a los dictados del imperialismo económico, que pretende también tomar el control de España como ya lo ha hecho de Italia o Grecia. Es muy probable que el próximo ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno de Mariano Rajoy sea, al igual que los nuevos primeros ministros de los países previamente citados, un tecnócrata a control remoto, vinculado a Goldman Sachs y a la Comisión Trilateral, y ex empleado del BCE. Exacto, de la misma cuadrilla que permitió y alentó la entrada en el Euro de países como Grecia o Portugal, falseando sus cuentas, y que luego fomentó el derroche entre su corrompida clase política. De hecho, el nuevo mandatario heleno, Lucas Papademos, fue Gobernador del Banco de Grecia y vicepresidente del BCE durante la transición de la dracma al euro, por lo que conocía a la perfección las vicisitudes de la economía griega, y aun así consintió y aplaudió. Un gran ejemplo de cómo funcionan las cosas.

Pero, de haber vencido Rubalcaba, no hubiese habido la menor diferencia en este punto ya que se nos ha hecho creer que hay medidas que han de ser aplicadas cueste lo que cueste, porque lo exige una voluntad invisible que toma las decisiones pasando por encima de la democracia existente. Esta voluntad, denominada ‘mercados’ por los medios de comunicación de masas, refleja los intereses de la élite económica global. Y su exigencia ahora mismo pasa por la adopción de medidas draconianas de recortes en gasto social, para poder ser saqueados más rápidamente. A poder ser, con alguien de confianza cerca para supervisar.
No obstante y por mucho que la situación se asemeje, no es la misma en absoluto. Madrid no ha sufrido un golpe de Estado financiero, como ha sucedido en Roma y Atenas, si no que los ciudadanos han elegido libremente a su próximo gobierno. Y la realidad es que más del 73%, casi tres cuartas partes, de quienes decidieron ejercer ayer su derecho al sufragio se decantaron por PP o PSOE, partidos sometidos a los dictados del capital. Helenos y transalpinos no tuvieron elección, pero nosotros sí. De todo ello, extraigo dos conclusiones.
Por una parte, las campañas propagandísticas, de manipulación de la denominada “opinión pública” y de desinformación, llevadas a cabo por los medios de comunicación masivos al servicio de la plutocracia mundial y sus ramificaciones (como los grandes partidos) son extremadamente eficaces en su labor. Especialmente en España. Incluso, es posible que los organismos que representan a los poderes económicos transnacionales hayan tenido en cuenta esta afirmación a la hora de decidir no intervenir directamente.
Asimismo, la consolidación de la sociedad de consumo como sustento del capitalismo salvaje, la alienación del ser humano y su paulatina transformación de ciudadano a consumidor en eterna búsqueda de satisfacciones inmediatas, banales y preferentemente materiales, ha influido muy negativamente en la capacidad de las personas para pensar y reflexionar con algo más de profundidad y perspectiva. Es estúpido y nocivo creer que la solución está en seguir votando a los mismos tipos que demuestran, día tras día, que responden a unos intereses diferentes a los de quienes les situaron en los cargos que ocupan, y que además se despreocupan cada vez menos de, al menos, disimular. Por supuesto, también habrá quien lo haga con conocimiento de causa; los mismos que, tras conocerse los resultados, celebraban la victoria popular ondeando banderas de la España imperialista. Pero estos no son estúpidos. Son otra cosa.

























