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Archive for the ‘Europa’ Category

Es complicado ponerse a escribir algo interesante sobre la situación de desbarajuste que vive hoy en día España, que no se haya dicho ya, por activa o por pasiva. Como aún no hay Gobierno, vamos a hacer un resumen o, como se dice en las mejores familias, un balance de los principales jugadores que definirán, más vale tarde que nunca, la composición del mismo. A saber:

Por una parte, tenemos a un partido, heredero del franquismo, en cuyo cesto hay tantas manzanas podridas que el propio mimbre está ya tumefacto. Hay quien pide su ilegalización, al equipararlos a una organización criminal; no seré yo quien les quite mano. Desde luego, motivos no faltan a los jueces para investigarlo como tal. Quizá, esto sí, un poquito de motivación. En general, la defensa que hacen del patriotismo y de la unidad de España suele ser directamente proporcional a lo desvalijada que dejan la caja pública (cuando la dejan, claro).

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Éste es un país de orden

Por otra, está el clásico ejemplo de la perversión a que se enfrentan quienes traicionan sus ideologías por motivos crematísticos. Hombre blanco hablar con lengua de serpiente, ¿recuerdan? Esto, hablando de los de antes, claro. Los de ahora no tienen ni tan siquiera ideología. Algunos de ellos se autodefinen como “animales (políticos)” y se parecen bastante a los otrora sindicatos. Su especialidad es decir una cosa en campaña electoral y luego hacer otra distinta debido a “la presión de los mercados” o de “la Comisión Europea” etc…

Un tercer elemento está conformado por los reformistas, que siempre los hay en épocas convulsas, quienes pretenden beneficiarse de la situación penosa que viven los dos primeros, para recoger su testigo como custodios del establishment. Vista la partida, tenían buenas cartas (algunas marcadas, claro está), pero su impaciencia y exceso de confianza les hicieron enseñarlas demasiado pronto.

Y luego está el cuarto que, a la vez que representa también el clásico ejemplo de la tiranía de las urnas en un sistema democrático (si tus ideas no venden lo que te gustaría, “modúlalas”), parece ser la última esperanza del socialismo (o de lo que queda de él). Sin embargo, como novato quizá peca de exceso de inocencia en algunos aspectos: ¿un órgano decisorio completamente “horizontal”? ¿Unas negociaciones de investidura “con luz y taquígrafos”? Ya veremos.

Mientras tanto, la Unión Europea está en plenas negociaciones para aprobar el tratado sobre el comercio de servicios con países que no respetan las directrices de la OIT, a la vez que los refugiados se mueren en sus fronteras de hambre, de frío o ahogados. Pero de la UE hablamos otro rato.

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Parece que los últimos sondeos dan al partido de Pablo Iglesias la posibilidad de hacerse con uno o más escaños en el Parlamento Europeo este próximo domingo. Y digo partido de Pablo Iglesias, y no Podemos, porque quizá sea éste el nombre por el que es más conocida esta formación de nuevo cuño. Muchas son las voces que censuran a Iglesias por acaparar en su persona la atención que recibe su partido. Dicen que es populista, porque apela a la conexión directa con sus seguidores y potenciales votantes, reniega del institucionalismo vigente, es antiélite (la casta, como él la llama) y se presenta con un programa a priori revolucionario y por tanto llamativo. Además, por supuesto, de por salir en debates televisivos y haber impreso su fotografía en las papeletas del partido, convirtiendo su cara en el símbolo del mismo.

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Pues bien, puede ser que estas voces críticas tengan razón. Pero también puede ser otra cosa. Puede ser que la manipulación de los medios de comunicación de masas haya conseguido que a un líder de izquierdas de nuevo cuño, con un discurso potente y capacidad mediática se le tilde siempre de “presuntuoso” “populista” o “ególatra”. En el caso de Pablo Iglesias, no son pocas las voces de la “nueva izquierda” que le critican por entrar a participar al juego de la “democracia”, como hacen ellos, pero con más ímpetu y solidez.  Además de ver, como ha ocurrido en otras ocasiones, cómo algunos de estos nuevos partidos atacan a Podemos cuando, a priori, podrían ser aliados, algo que recuerda tristemente a  La Vida de Brian (Monty Python, 1979) y las hilarantes polémicas entre el Frente Judaico Popular, el Frente Popular de Judea y la Unión Popular de Judea.  ¿Por qué? Porque Podemos cuenta con respaldo mediático desde los programas en que participa Iglesias. Es decir, juega al juego democrático pero también al mediático, como hacen los “mayores”. Y, según algunos sectores, esto es reprochable, porque resulta “populista”. Les pone nerviosos. Entonces, ¿qué pasa cuando esos mismos que critican su desempeño pretenden, también, aprovecharse de la repercusión mediática de Pablo Iglesias? Sin ir más lejos, el Partido X (con iniciativas muy interesantes, por cierto, como su política de reparto de las competencias o sus mecanismos anticorrupción) pidió a Podemos un debate televisado. ¿Es censurable? No desde mi punto de vista, cuando los grandes partidos se gastan millones en presencia mediática. ¿Entonces, se puede criticar a Pablo Iglesias por salir tanto en la televisión e, incluso utilizar su fotografía como logo del partido?

Es posible que sea todo un ejercicio de autocomplacencia. Es posible que sus críticos estén en lo cierto, pero, ¿y si lo que ocurre es que Podemos quiere hacer llegar su mensaje a la mayor cantidad posible de personas, y simplemente aprovechan las herramientas con las que cuentan? Si, por ser su líder ya tan conocido, el partido ha decidido que usarán su foto y su mayor capacidad mediática para obtener visibilidad, ¿están considerando a los potenciales votantes de Podemos poco informados, o lo que ocurre es que quieren expandirse más allá de los círculos de votantes más eruditos, intelectuales y mejor informados?

No lo sabemos. Aún tienen un largo camino por recorrer. Pero los partidos de la TINA (There Is No Alternative o no hay alternativa; al capitalismo neoliberal, se entiende) se quedan sin margen de maniobra, porque sus mentiras ya no convencen a nadie. ¿Constituyen, estos nuevos partidos, un agente de cambio y de movilización plausible? Pues igual sí. ¿Es Podemos el futuro Syriza español, y Pablo Iglesias su Tsipras? Puede ser. O podrían ser los del mencionado Partido X, o EQUO, o acaso la Izquierda Unida que vuelve a “reinventarse”. O quizás todos juntos.

munícipePero, de momento, a mí me convencen. Plantean puntos básicos, desde mi punto de vista, que cualquier formación que respete mínimamente a la ciudadanía debería presentar. Auditar la deudamodificar la ley de la vivienda, por ejemplo. Y yo, al menos, voy a darles una oportunidad. Europa necesita un cambio de rumbo que devuelva la soberanía a los pueblos y a los ciudadanos.

Y, qué demonios, para que sigan inquietando al bipartidismo, pero con más fuerza.  Que les entre el canguelo, que empiecen a darse cuenta de que sus días están contados. Porque ya no hay nada que perder, pero mucho que ganar.

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Tras una gran sucesión de dimes y diretes entre el Gobierno de España y sus interlocutores de los organismos encargados de la globalización en su vertiente económica, véase el FMI, el Banco Mundial y en este caso, el BCE, el “préstamo para la recapitalización de la banca” se consuma. Si se piensa con detenimiento, resulta inmoral, insultante y obsceno que los medios corporativos, llámense de izquierdas o de donde les venga en gana, continúen informando de asuntos económicos de esta magnitud como si no existiera alternativa alguna. “Rescate”, lo llaman. Rescate, ¿a quién? ¿A los obreros, a quienes prometieron el oro y el moro para que dejaran los estudios, y ahora no tienen donde caerse muertos?¿A los niños que abarrotarán las clases tras los recortes en las plantillas docentes? ¿A los enfermos de cáncer en lista de espera de seis meses para recibir la intervención que podría salvarles la vida? No. A los de siempre. Los bancos recibirán duros a cuatro pesetas, para que puedan seguir con sus lucrativos negocios. El capitalismo crediticio debe mantenerse vivo, le pese a quien le pese, oculto tras la gran cortina de humo desplegada por los medios: la doctrina del pensamiento único. Eso sí: el Estado actuará de garante, con lo que si los bancos no son capaces de devolver el dinero, lo harán los contribuyentes. Además de pagar los intereses, por supuesto.

Olvidada queda la especulación con bienes básicos como la vivienda, los despidos multimillonarios en las cúpulas directivas de los grandes bancos, o los recortes de 7.000 millones de euros en sanidad pública y 3.000 millones más en educación que ha realizado la Compañía de Títeres de Mariano Rajoy  en los últimos presupuestos. Lo imprescindible es el rescate a los bancos. Cuando especulan y les sale bien, obtienen beneficios privados, por supuesto. Si es al revés, demandan más dinero, con la excusa de “mantener la economía a flote” y no pasa nada. Después de la inyección de 23.000 millones de euros al fraude financiero que es Bankia, otros 100.000 millones más (!) provenientes de fondos europeos para “reflotar” a los pobrecitos bancos españoles. Cifra idéntica a la retirada de España por los grandes capitales extranjeros, los grandes beneficiarios de la gran estafa a la que los medios titularon “crisis”.  Una huida hacia adelante, continuista con la tónica que este timo global lleva mostrándonos desde que se descubrió el pastel: las élites económicas, esos mismos inversores, continuarán abriendo brecha con el resto de la sociedad, a su costa. Que para eso son las élites.

Ahora hablemos un poco del Banco Central Europeo. Con sede en Alemania y no sujeto a ningún poder político o democráticamente electo, esta entidad privada creada a imagen y semejanza de la Reserva Federal estadounidense tiene una diferencia sustancial con ésta: no presta dinero a los Estados directamente, sino que lo hace a entidades privadas y a un interés del 1%, mientras que éstas suministran crédito, ahora sí, a los Estados o a quien se tercie, al interés que les venga en gana. Esta entidad de control concederá este dineral a España a un rédito del 3% que, yendo íntegramente a los bancos,  deberán pagar después los contribuyentes españoles.

No debemos olvidar, además, que la Constitución española fue modificada “ad-hoc” y en tiempo récord, saltándose los mecanismos habilitados para ello como el referéndum, hará cosa de un año para limitar el déficit, es decir; hay que devolver primero lo que se deba antes de continuar invirtiendo en economía real. Así, a la deuda existente por los dispendios y robos de este Gobierno y los anteriores, hay que sumar ahora 100.000 millones de euros más. No habrá dinero para investigación, medio ambiente o no digamos ya sanidad o educación, mientras que este capital que el BCE nos “presta” y que, en realidad, imprime a voluntad, deberá ser devuelto con prioridad absoluta. Por tanto, más dinero que los contribuyentes españoles deberán aportar de su bolsillo para salvar el “modus vivendi” de la gentuza en cuyas manos se encuentra el destino del Estado, del continente y, por qué no decirlo, del mundo entero.

Para más inri, hay alguno que, desde su tribuna de ‘opinador’ profesional, teme que “el rescate socave la legitimidad del sistema político”. ¿De qué legitimidad de habla, señor periodista? Lo que me faltaba por leer. Y también politicuchas que, asegurado su trasero y el de varias generaciones más  gracias a los millonarios sueldos que obtiene de las arcas públicas, dicen que “debemos hacernos a la idea de que nuestros hijos vivirán peor que nosotros”. Pero nada importa, y si no pregúntenle al presidente, que en pleno pandemónium se va a Polonia: empieza la Eurocopa y España defiende su título. Pan y circo, y todos a tomar por culo.

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Dieciocho millones de españoles votaron, hace hoy una semana, al PP o al PSOE. Dieciocho millones de personas a las que, al parecer, les trae sin cuidado el recochineo al que nos tienen subyugados ambos partidos y que nos ha conducido a un total y absoluto sometimiento a los dictados del imperialismo económico, que pretende también tomar el control de España como ya lo ha hecho de Italia o Grecia. Es muy probable que el próximo ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno de Mariano Rajoy sea, al igual que los nuevos primeros ministros de los países previamente  citados, un tecnócrata a control remoto, vinculado a Goldman Sachs y a la Comisión Trilateral, y ex empleado del BCE. Exacto, de la misma cuadrilla que permitió y alentó la entrada en el Euro de países como Grecia o Portugal, falseando sus cuentas, y que luego fomentó el derroche entre su corrompida clase política. De hecho, el nuevo mandatario heleno, Lucas Papademos, fue Gobernador del Banco de Grecia y vicepresidente del BCE  durante la transición de la dracma al euro, por lo que conocía a la perfección las vicisitudes de la economía griega, y aun así consintió y aplaudió. Un gran ejemplo de cómo funcionan las cosas.

Pero, de haber vencido Rubalcaba, no hubiese habido la menor diferencia en este punto ya que se nos ha hecho creer que hay medidas que han de ser aplicadas cueste lo que cueste, porque lo exige una voluntad invisible que toma las decisiones pasando por encima de la democracia existente. Esta voluntad, denominada ‘mercados’ por los medios de comunicación de masas, refleja los intereses de la élite económica global.  Y su exigencia ahora mismo pasa por la adopción de medidas draconianas de recortes en gasto social, para poder ser saqueados más rápidamente.  A poder ser, con alguien de confianza cerca para supervisar.

No obstante y por mucho que la situación se asemeje, no es la misma en absoluto. Madrid no ha sufrido un golpe de Estado financiero, como ha sucedido en Roma y Atenas, si no que los ciudadanos han elegido libremente a su próximo gobierno. Y la realidad es que más del 73%, casi tres cuartas partes, de quienes decidieron ejercer ayer su derecho al sufragio se decantaron por PP o PSOE, partidos sometidos a los dictados del capital. Helenos y transalpinos no tuvieron elección, pero nosotros sí. De todo ello, extraigo dos conclusiones.

Por una parte, las campañas propagandísticas, de manipulación de la denominada “opinión pública” y de desinformación, llevadas a cabo por los medios de comunicación masivos al servicio de la plutocracia mundial y sus ramificaciones (como los grandes partidos) son extremadamente eficaces en su labor. Especialmente en España.  Incluso, es posible que los organismos que representan a los poderes económicos transnacionales hayan tenido en cuenta esta afirmación a la hora de decidir no intervenir directamente.

Asimismo, la consolidación de la sociedad de consumo como sustento del capitalismo salvaje, la alienación del ser humano y su  paulatina transformación de ciudadano a consumidor en eterna búsqueda de satisfacciones inmediatas, banales y preferentemente materiales, ha influido muy negativamente en la capacidad de las personas para pensar  y reflexionar con algo más de profundidad y perspectiva. Es estúpido y nocivo  creer que la solución está en seguir votando a los mismos tipos que demuestran, día tras día, que responden a unos intereses diferentes a los de quienes les situaron en los cargos que ocupan, y que además se despreocupan cada vez menos de, al menos, disimular. Por supuesto, también habrá quien lo haga con conocimiento de causa; los mismos que, tras conocerse los resultados, celebraban la victoria popular ondeando banderas de la España imperialista. Pero estos no son estúpidos. Son otra cosa.

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Un terremoto político sacude el sur de Europa: Tras las dimisiones de sus anteriores jefes de Gobierno, Georgios Papandreu y Silvio Berlusconi respectivamente, Grecia e Italia, a partir de hoy, estarán lideradas por dos completos desconocidos en la esfera política internacional: Lucas Papademos y Mario Monti. ¿Quiénes son estos tipos, y qué tienen en común? Ambos son economistas formados en EEUU, en la órbita de la denominada Escuela de Chicago, orientada al pensamiento macroeconómico, y nacida en la ciudad que le da nombre a mediados del siglo XX.

Los Chicago boys, como también son conocidos los pertenecientes a la citada escuela son, entre otros, responsables de las reformas socioeconómicas llevadas a cabo durante las dictaduras de Chile y Argentina, enfocadas a la creación de una política económica de orientación monetarista y de libre mercado. Con la excusa de combatir el comunismo y la deuda externa que éste generaba, ambos países sufrieron un golpe de Estado y posterior derrocamiento del Gobierno legítimo, respaldado de forma encubierta por los poderes fácticos de EEUU, que deseaban realizar una experiencia piloto en ellos. Estos “expertos” se consideraban una suerte de médicos económicos que pretendían curar  las economías de ambos países mediante un tratamiento que ellos mismos denominaron terapia de choque. ¿Cuál fue la aplicación práctica? Supresión del control sobre los precios, venta de empresas públicas a capital privado, eliminación de los aranceles a las importaciones y reducción del gasto público, entre otros. ¿Y sus consecuencias? En Chile, por ejemplo, un año más tarde la inflación alcanzó un 375%, la más alta del mundo. Y de ambos procesos se puede obtener la misma conclusión: las medidas tomadas beneficiaron a los poseedores de grandes fortunas, a expensas de los menos pudientes.

Pues bien, los señores Papademos y Monti pertenecen a la misma estirpe de ilustres. Y ambos han sido escogidos por el gran capital, a través de sus organismos constituidos (el BCE y el FMI en este caso) para liderar el reflote de Grecia e Italia. De ahí la anterior experiencia en Argentina o Chile: se trataba de una fase previa, de experimentación, antes de aplicar sus teorías a países del Primer Mundo. Porque, seamos sinceros: ellos sabían que esto iba a pasar, así como cualquiera sabe que el agua hierve si se calienta lo suficiente. Pues bien, ahora ambos Estados serán sometidos a una nueva terapia de choque, en la que la tónica será la misma que en el ensayo sudamericano. ¿La diferencia? ahora se trata de países de la Unión Europea. Y uno de ellos es la tercera potencia de la Eurozona.

Pero indaguemos un poco más en el historial de estos dos individuos. Además de ex-directivos de Goldman Sachs, el banco de inversión financiera más poderoso de cuantos existen, ambos pertenecen a una organización, un tanto desconocida para el gran público, denominada Comisión Trilateral. A grandes rasgos, se trata de una sociedad que reúne a gente muy poderosa, tanto política como económicamente hablando, de las tres regiones más desarrolladas durante las últimas décadas del siglo XX: Norteamérica, Europa y Japón (al que, posteriormente, se la han unido otras potencias regionales para dar un nuevo nombre al grupo: Asia-Pacífico). Fundada por David Rockefeller en 1973, a ella pertenecen, entre otros, George Soros, Ben Bernanke o Henry Kissinger, precisamente el que fue el instigador, desde su cargo como Secretario de Estado de los EEUU, de los cambios de régimen en Chile y Argentina comentados anteriormente.

Es un grupo que, por su naturaleza, se confunde con el Club Bilderberg o el Council on Foreign Relations (CFR), de los que hablaré en otra ocasión, ya que muchos de sus miembros pertenecen asimismo a los otros centros de poder (para fomentar la estabilidad, dicen), y que fue creado para “fomentar la cooperación” y “compartir el liderazgo mundial”. Al parecer, para ellos esto significa realizar saqueos económicos a países poco desarrollados, como comentaba en esta otra entrada, a través del FMI y el Banco Mundial, utilizando la deuda externa autogenerada como herramienta. A partir de ahora, Grecia e Italia tendrán como jefes de Gobierno a dos tipos cuya única misión será liquidar dicha deuda, cueste lo que cueste. Y, vistos los antecedentes, si tienen que pasar por encima de sus propios ciudadanos, lo harán. Tiempos difíciles para helenos y transalpinos.

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En estas pre-fechas tan señaladas, asistimos a un aumento del número de lanzamientos de videojuegos. Nada nuevo, teniendo en cuenta la vorágine consumista cíclica que aqueja al Primer Mundo cada vez que se aproxima el fin de año. Pero en esta edición estamos siendo testigos, durante el mes de noviembre, de la puesta en escena de dos nuevos títulos, correspondientes a las franquicias de ‘shooter bélico’ más aclamadas de los últimos años: nada menos que Battlefield y Call of Duty: Modern Warfare estrenan secuela. Ambas con multitud de armas, vehículos y escenarios nuevos, además de cientos de enemigos a los que hacer picadillo de infinidad de maneras diferentes. Sus anuncios pueblan la red; por poner un ejemplo, Modern Warfare 3 ocupa la portada hoy de Youtube. También abundan los anuncios en exteriores, revistas o la misma televisión, por lo menos aquí en el Reino Unido.

Todo ello no tendría el más mínimo interés para aquellos no atraídos por este tipo de entretenimientos, si no fuera porque el lanzamiento de ambos juegos coincide con el Gobierno del Reino Unido notificando preparativos orientados a un posible ataque combinado contra Irán, tal y como recogían los diarios británicos el otro día (entre ellos, ‘The Guardian’). Igual sucedía en EEUU e Israel. Resulta cuanto menos sombrío que, mientras los medios de comunicación de todo tipo nos inundan de publicidad mostrando lo estimulante y cautivadora que resulta la guerra (ficticia), los Gobiernos de tres grandes potencias confabulan para declarar la guerra (real) a un cuarto. Menuda coincidencia.

La guinda la pone una experiencia personal. Me encontraba yo el otro día curioseando en un punto de información del Jobcentre del barrio, algo así como la oficina británica del Paro, cuando descubrí algo realmente oscuro y enervante: en su menú principal, la primera pantalla a la que acceden los desempleados, existen dos opciones básicas: La primera de ellas: “Busca un empleo”. Hasta aquí todo normal. Es la segunda la que me revolvió el estómago: “Encuentra trabajo en las fuerzas armadas”. Directamente, sin pasar por engorrosos menús y clasificaciones. Algo así como “Pincha aquí, empuña un fusil y se acabaron tus problemas”. Y es el ejemplo más contundente, pero la publicidad del Ejército británico se encuentra en todas partes; sin ir más lejos, el ‘British Military Tournament’, concurso que enfrenta a militares y que se celebra durante los primeros días de diciembre, ocupa espacios publicitarios por toda la ciudad.

No se trata solamente de la normalización de un atroz acontecimiento como es una guerra, introduciéndolo en nuestra vida cotidiana mediante continua sugestión pasiva en forma de propaganda belicista, tanto directa como subliminal, si no que, además, ahora se incita activamente a que la gente, sobre todo aquellos más perjudicados por el gran robo del Siglo (también denominado crisis), se aliste en las Fuerzas Armadas como solución total a sus males económicos. Con el éxito de este plan, si es que existe, quien sea que esté detrás podría acabar con tres pájaros de un tiro. Por una parte, a mayor número de gente sin tiempo libre para pensar o actuar, menor sería la posibilidad de que se produjeran protestas o revueltas. Por otra, reforzarían su maquinaria bélica con más efectivos, con el mayor volumen de inversión (y de beneficio, para algunos) que ello supone. Y tercero: todos ellos serían, casi con toda seguridad, gente de sectores económicos deprimidos, perfectamente prescindibles para el poder omnímodo que todo lo mueve. Todos ellos parte de los “cuatro mil millones de estómagos inservibles que hay en el mundo”, según palabras de Henry Kissinger.

 

 

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Ayer, día 3 de noviembre, los tabloides británicos amanecían con un titular de lo más rotundo: “El Reino Unido se prepara para un eventual conflicto armado con Irán”. ¡Guerra y más guerra! Y eso es todo lo que los medios mencionan. Puedes rebuscar hasta aburrirte, que no encontrarás más explicación para semejante declaración que el hecho de que el Estado de los ayatolás está desarrollando tecnología nuclear. ¡Ah! Y un presunto intento de asesinato contra los embajadores de Israel y Arabia Saudí, ¡en suelo estadounidense!, que rezuma propaganda contra los persas y excusas baratas para iniciar hostilidades por los cuatro costados. Yo, personalmente, no me creo nada.

En cuanto a la energía nuclear, es un tema que me resulta muy curioso: por una parte, Irán ha reconocido que está desarrollando centrales atómicas únicamente para su uso civil. Puede ser cierto, o no. Pero, ¿y si no lo es? Estados Unidos, así como su socio Israel, poseen armas nucleares. ¿Por qué ellos pueden decidir quién puede y quién no disponer de ellas? Vistos los antecedentes, el país norteamericano es infinitamente más propenso a iniciar hostilidades atacando a otros Estados soberanos. Claro que, disponiendo de un arsenal nuclear, Irán se serviría del mismo para abortar cualquier intento de invasión, tal y como ha sucedido recientemente en Afganistán, o su vecino Iraq. Se convertiría en una poderosísima disuasión para aquellos que pretendan atacarles. Si no, que se lo pregunten a Pakistán.

Por otra parte, Irán es enemigo declarado del régimen sionista (como ellos lo llaman) pero, hasta el momento, sus acciones se han limitado a intentos de desestabilización a través de mecanismos propios de la Guerra Fría. Nada de ataques directos. Lo mismo que sucede con Arabia Saudí, sus ancestrales rivales regionales e ideológicos. Riad y Teherán han tenido, y tienen, sus más y sus menos, con Iraq como campo actual de disputa y la soberanía como potencia regional de Oriente Próximo siempre como telón de fondo, pero insisto en que un ataque de estas características no encaja con la cautelosa política exterior de la antigua Persia, llena de bravatas pero en extremo cuidadosa. De haber intentado realizar una operación de estas características, las relaciones con Moscú y Pekín, sus principales socios comerciales y valedores en el Consejo de Seguridad de la ONU, podrían verse deterioradas. Y eso no es algo que Irán esté dispuesto a arriesgar. Por tanto, todo indica a un complot orquestado por la CIA y el Mossad, con la connivencia de los servicios secretos saudíes, que verían con buenos ojos una represalia de Washington contra su principal competidor en la región.

¿No hay ningún periodista honrado en nuestros excelsos medios de comunicación, de tan indiscutible rigor informativo, que sea capaz de hablar con claridad acerca de qué va todo este asunto? Recortes en sanidad, en educación, recesión asegurada a largo plazo mientras los grandes bancos, tras los rescates, arrojan beneficios de millones de euros. Pero si EEUU dice que hay que ir a la guerra, financiada con fondos públicos, contra un régimen que, por muy cacareador que sea, es poco dado a iniciar conflictos (tal y como la Historia se encarga de demostrar), ¿a quién le importa? A los británicos (a su Gobierno) enseguida se les olvidan todas las ‘recapitalizaciones’, los ‘rescates’ y las medidas de penitencia impuestas a sus ciudadanos. En nombre de la libertad, la seguridad nacional, la guerra contra el terror, o cualquier nuevo concepto propagandístico que se les ocurra, se apuntan a un bombardeo. En este caso, literalmente. Que viva el dispendio.

Pero no oiremos nada acerca de contratos de compra de armamento de obligado cumplimiento impuestos por el FMI a estados soberanos a cambio de reestructurar abusivas deudas, de ejércitos privados de mercenarios que hay que mantener activos para que continúen generando beneficios, ni mucho menos de por qué EEUU está tan obsesionado con que el programa nuclear persa fracase. Y no es por las famosas bombas, no.

¿A quién le interesa una triunfante potencia gasística y petrolera fuera del control occidental y además intocable, que se autoabastece de energía nuclear, aumentando así su capacidad de exportación y por tanto abaratando los precios del mercado internacional? No será a Washington, ni a sus aliados de Occidente. Tampoco a sus amigos saudíes y su órbita suní. Pero de esto no oiremos nada. No en los medios de comunicación de este mundo, secuestrados por los poderes económicos que los manejan desde las sombras.

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