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Posts Tagged ‘elecciones’

Durante estos días, asisto expectante a  la atípica y bulliciosa campaña preelectoral británica. Atípica, por darse la especial circunstancia de existir tres partidos con un importante respaldo, y bulliciosa precisamente por esto mismo: la prensa internacional se hace particular eco de estas elecciones por darse una situación jamás vista en las islas con anterioridad.

Mi seguimiento no se basa tanto en mi relativo interés en conocer las maniobras de los partidos, o en pretender adivinar las intenciones que mueven al colectivo elector británico, si no en esa característica que mencionaba anteriormente y que hacen a este proceso único en los más de trescientos años de historia parlamentaria del Reino Unido: la irrupción de una tercera fuera política en liza, con posibilidades reales de alterar el tradicional equilibrio bipartidista. Este partido, denominado liberal-demócrata (no lo sé con certeza, pero supongo que herederos del antiguo partido whig, antaño rival de los tories en las cámaras parlamentarias) basa su fortaleza en la frescura de su líder, el candidato Nick Clegg, frente a las tradicionales posturas conservadora y laboralista.

La irrupción de Clegg, al que algunos ya comparan con Churchill u Obama, en la campaña preelectoral no parecía, en un principio, suponer mayor amenaza para el bipartidismo imperante que la que pueden representar otros partidos minoritarios, como los nacionalistas. Sin embargo, un reciente debate televisado entre éste y los dos candidatos de los principales partidos, propició el espectacular ascenso de los liberal-demócratas, hasta el punto de equipararse a sus dos rivales. Es de suponer que los votantes británicos, hastiados del continuismo de las políticas que han llevado a cabo sus gobiernos en los últimos años, hayan visto en el nuevo candidato una oportunidad de reprender al “establishment” parlamentario.

No obstante, este giro en los acontecimientos puede tener repercusiones mucho mayores para el sistema electoral británico, diseñado precisamente para que exista una mayoría bipartidista que prevenga de procesos largos que presuntamente lastrarían la toma de decisiones, y similar a la Ley Electoral existente en España. De hecho, la sede física de la Cámara de los Comunes no posee una forma hemicíclica, como se le presupone a una sala de estas características, si no que tiene forma rectangular, con los asientos enfrentados en dos grandes grupos. Por tanto, de obtener un respaldo significativo, el partido liberal-demócrata alteraría los mismos cimientos del sistema parlamentario, quizá incluso obteniendo la capacidad de forzar una modificación de dicha Ley Electoral, que no hace sino menoscabar la capacidad de las minorías para participar en los procesos legislativos. Y hete aquí el meollo de la cuestión. Si un partido británico de tradicional poco peso es capaz de crecer hasta obtener la capacidad electa de hacer frente parlamentario a los dos grandes, ¿por qué no ha de poder hacerlo un partido español?

Cierto es que las características de ambos electorados son muy diferentes, así como los partidos a los que tradicionalmente votan. Diferencias acentuadas quizá por el clima de tensión que se vive en la vida política y parlamentaria en este país, propiciadas por una oposición salvaje y obstruccionista, actitud esta alimentada por el negacionismo que ha invadido a este partido, el PP, desde que perdiera las elecciones en 2004. Pero es precisamente este clima, que ha obligado al Gobierno a trabajar casi siempre a la defensiva (y no pretendo hacerles apología pero, independientemente de su gestión, que ahora no entraré a valorar, presupongo difícil gobernar un país con un partido opositor que te pone la zancadilla siempre que puede, amén de las desvergonzadas declaraciones que a veces hacen sus dirigentes, o todos los escándalos que les salpican y que se niegan a resolver como deberían) el que habría de propiciar la aparición de una alternativa que, además de darles a ambos un bofetón en la cara, ayudase a España a librarse de la lacra que arrastra desde la Transición, cuando se instauró una norma discriminatoria para dotar al país “de mayor estabilidad”: la Ley Electoral, y con ello la desaparición del denominado “voto útil”. Quizá en aquellos convulsos tiempos funcionara, pero hoy por hoy la considero completamente antidemocrática y discriminatoria. Quizá peque de exceso de confianza (tanto en aquellos como en nosotros), pero es por ello que miro expectante al Reino Unido.

 

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