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Posts Tagged ‘Monetarismo’

Tras una gran sucesión de dimes y diretes entre el Gobierno de España y sus interlocutores de los organismos encargados de la globalización en su vertiente económica, véase el FMI, el Banco Mundial y en este caso, el BCE, el “préstamo para la recapitalización de la banca” se consuma. Si se piensa con detenimiento, resulta inmoral, insultante y obsceno que los medios corporativos, llámense de izquierdas o de donde les venga en gana, continúen informando de asuntos económicos de esta magnitud como si no existiera alternativa alguna. “Rescate”, lo llaman. Rescate, ¿a quién? ¿A los obreros, a quienes prometieron el oro y el moro para que dejaran los estudios, y ahora no tienen donde caerse muertos?¿A los niños que abarrotarán las clases tras los recortes en las plantillas docentes? ¿A los enfermos de cáncer en lista de espera de seis meses para recibir la intervención que podría salvarles la vida? No. A los de siempre. Los bancos recibirán duros a cuatro pesetas, para que puedan seguir con sus lucrativos negocios. El capitalismo crediticio debe mantenerse vivo, le pese a quien le pese, oculto tras la gran cortina de humo desplegada por los medios: la doctrina del pensamiento único. Eso sí: el Estado actuará de garante, con lo que si los bancos no son capaces de devolver el dinero, lo harán los contribuyentes. Además de pagar los intereses, por supuesto.

Olvidada queda la especulación con bienes básicos como la vivienda, los despidos multimillonarios en las cúpulas directivas de los grandes bancos, o los recortes de 7.000 millones de euros en sanidad pública y 3.000 millones más en educación que ha realizado la Compañía de Títeres de Mariano Rajoy  en los últimos presupuestos. Lo imprescindible es el rescate a los bancos. Cuando especulan y les sale bien, obtienen beneficios privados, por supuesto. Si es al revés, demandan más dinero, con la excusa de “mantener la economía a flote” y no pasa nada. Después de la inyección de 23.000 millones de euros al fraude financiero que es Bankia, otros 100.000 millones más (!) provenientes de fondos europeos para “reflotar” a los pobrecitos bancos españoles. Cifra idéntica a la retirada de España por los grandes capitales extranjeros, los grandes beneficiarios de la gran estafa a la que los medios titularon “crisis”.  Una huida hacia adelante, continuista con la tónica que este timo global lleva mostrándonos desde que se descubrió el pastel: las élites económicas, esos mismos inversores, continuarán abriendo brecha con el resto de la sociedad, a su costa. Que para eso son las élites.

Ahora hablemos un poco del Banco Central Europeo. Con sede en Alemania y no sujeto a ningún poder político o democráticamente electo, esta entidad privada creada a imagen y semejanza de la Reserva Federal estadounidense tiene una diferencia sustancial con ésta: no presta dinero a los Estados directamente, sino que lo hace a entidades privadas y a un interés del 1%, mientras que éstas suministran crédito, ahora sí, a los Estados o a quien se tercie, al interés que les venga en gana. Esta entidad de control concederá este dineral a España a un rédito del 3% que, yendo íntegramente a los bancos,  deberán pagar después los contribuyentes españoles.

No debemos olvidar, además, que la Constitución española fue modificada “ad-hoc” y en tiempo récord, saltándose los mecanismos habilitados para ello como el referéndum, hará cosa de un año para limitar el déficit, es decir; hay que devolver primero lo que se deba antes de continuar invirtiendo en economía real. Así, a la deuda existente por los dispendios y robos de este Gobierno y los anteriores, hay que sumar ahora 100.000 millones de euros más. No habrá dinero para investigación, medio ambiente o no digamos ya sanidad o educación, mientras que este capital que el BCE nos “presta” y que, en realidad, imprime a voluntad, deberá ser devuelto con prioridad absoluta. Por tanto, más dinero que los contribuyentes españoles deberán aportar de su bolsillo para salvar el “modus vivendi” de la gentuza en cuyas manos se encuentra el destino del Estado, del continente y, por qué no decirlo, del mundo entero.

Para más inri, hay alguno que, desde su tribuna de ‘opinador’ profesional, teme que “el rescate socave la legitimidad del sistema político”. ¿De qué legitimidad de habla, señor periodista? Lo que me faltaba por leer. Y también politicuchas que, asegurado su trasero y el de varias generaciones más  gracias a los millonarios sueldos que obtiene de las arcas públicas, dicen que “debemos hacernos a la idea de que nuestros hijos vivirán peor que nosotros”. Pero nada importa, y si no pregúntenle al presidente, que en pleno pandemónium se va a Polonia: empieza la Eurocopa y España defiende su título. Pan y circo, y todos a tomar por culo.

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Dieciocho millones de españoles votaron, hace hoy una semana, al PP o al PSOE. Dieciocho millones de personas a las que, al parecer, les trae sin cuidado el recochineo al que nos tienen subyugados ambos partidos y que nos ha conducido a un total y absoluto sometimiento a los dictados del imperialismo económico, que pretende también tomar el control de España como ya lo ha hecho de Italia o Grecia. Es muy probable que el próximo ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno de Mariano Rajoy sea, al igual que los nuevos primeros ministros de los países previamente  citados, un tecnócrata a control remoto, vinculado a Goldman Sachs y a la Comisión Trilateral, y ex empleado del BCE. Exacto, de la misma cuadrilla que permitió y alentó la entrada en el Euro de países como Grecia o Portugal, falseando sus cuentas, y que luego fomentó el derroche entre su corrompida clase política. De hecho, el nuevo mandatario heleno, Lucas Papademos, fue Gobernador del Banco de Grecia y vicepresidente del BCE  durante la transición de la dracma al euro, por lo que conocía a la perfección las vicisitudes de la economía griega, y aun así consintió y aplaudió. Un gran ejemplo de cómo funcionan las cosas.

Pero, de haber vencido Rubalcaba, no hubiese habido la menor diferencia en este punto ya que se nos ha hecho creer que hay medidas que han de ser aplicadas cueste lo que cueste, porque lo exige una voluntad invisible que toma las decisiones pasando por encima de la democracia existente. Esta voluntad, denominada ‘mercados’ por los medios de comunicación de masas, refleja los intereses de la élite económica global.  Y su exigencia ahora mismo pasa por la adopción de medidas draconianas de recortes en gasto social, para poder ser saqueados más rápidamente.  A poder ser, con alguien de confianza cerca para supervisar.

No obstante y por mucho que la situación se asemeje, no es la misma en absoluto. Madrid no ha sufrido un golpe de Estado financiero, como ha sucedido en Roma y Atenas, si no que los ciudadanos han elegido libremente a su próximo gobierno. Y la realidad es que más del 73%, casi tres cuartas partes, de quienes decidieron ejercer ayer su derecho al sufragio se decantaron por PP o PSOE, partidos sometidos a los dictados del capital. Helenos y transalpinos no tuvieron elección, pero nosotros sí. De todo ello, extraigo dos conclusiones.

Por una parte, las campañas propagandísticas, de manipulación de la denominada “opinión pública” y de desinformación, llevadas a cabo por los medios de comunicación masivos al servicio de la plutocracia mundial y sus ramificaciones (como los grandes partidos) son extremadamente eficaces en su labor. Especialmente en España.  Incluso, es posible que los organismos que representan a los poderes económicos transnacionales hayan tenido en cuenta esta afirmación a la hora de decidir no intervenir directamente.

Asimismo, la consolidación de la sociedad de consumo como sustento del capitalismo salvaje, la alienación del ser humano y su  paulatina transformación de ciudadano a consumidor en eterna búsqueda de satisfacciones inmediatas, banales y preferentemente materiales, ha influido muy negativamente en la capacidad de las personas para pensar  y reflexionar con algo más de profundidad y perspectiva. Es estúpido y nocivo  creer que la solución está en seguir votando a los mismos tipos que demuestran, día tras día, que responden a unos intereses diferentes a los de quienes les situaron en los cargos que ocupan, y que además se despreocupan cada vez menos de, al menos, disimular. Por supuesto, también habrá quien lo haga con conocimiento de causa; los mismos que, tras conocerse los resultados, celebraban la victoria popular ondeando banderas de la España imperialista. Pero estos no son estúpidos. Son otra cosa.

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Un terremoto político sacude el sur de Europa: Tras las dimisiones de sus anteriores jefes de Gobierno, Georgios Papandreu y Silvio Berlusconi respectivamente, Grecia e Italia, a partir de hoy, estarán lideradas por dos completos desconocidos en la esfera política internacional: Lucas Papademos y Mario Monti. ¿Quiénes son estos tipos, y qué tienen en común? Ambos son economistas formados en EEUU, en la órbita de la denominada Escuela de Chicago, orientada al pensamiento macroeconómico, y nacida en la ciudad que le da nombre a mediados del siglo XX.

Los Chicago boys, como también son conocidos los pertenecientes a la citada escuela son, entre otros, responsables de las reformas socioeconómicas llevadas a cabo durante las dictaduras de Chile y Argentina, enfocadas a la creación de una política económica de orientación monetarista y de libre mercado. Con la excusa de combatir el comunismo y la deuda externa que éste generaba, ambos países sufrieron un golpe de Estado y posterior derrocamiento del Gobierno legítimo, respaldado de forma encubierta por los poderes fácticos de EEUU, que deseaban realizar una experiencia piloto en ellos. Estos “expertos” se consideraban una suerte de médicos económicos que pretendían curar  las economías de ambos países mediante un tratamiento que ellos mismos denominaron terapia de choque. ¿Cuál fue la aplicación práctica? Supresión del control sobre los precios, venta de empresas públicas a capital privado, eliminación de los aranceles a las importaciones y reducción del gasto público, entre otros. ¿Y sus consecuencias? En Chile, por ejemplo, un año más tarde la inflación alcanzó un 375%, la más alta del mundo. Y de ambos procesos se puede obtener la misma conclusión: las medidas tomadas beneficiaron a los poseedores de grandes fortunas, a expensas de los menos pudientes.

Pues bien, los señores Papademos y Monti pertenecen a la misma estirpe de ilustres. Y ambos han sido escogidos por el gran capital, a través de sus organismos constituidos (el BCE y el FMI en este caso) para liderar el reflote de Grecia e Italia. De ahí la anterior experiencia en Argentina o Chile: se trataba de una fase previa, de experimentación, antes de aplicar sus teorías a países del Primer Mundo. Porque, seamos sinceros: ellos sabían que esto iba a pasar, así como cualquiera sabe que el agua hierve si se calienta lo suficiente. Pues bien, ahora ambos Estados serán sometidos a una nueva terapia de choque, en la que la tónica será la misma que en el ensayo sudamericano. ¿La diferencia? ahora se trata de países de la Unión Europea. Y uno de ellos es la tercera potencia de la Eurozona.

Pero indaguemos un poco más en el historial de estos dos individuos. Además de ex-directivos de Goldman Sachs, el banco de inversión financiera más poderoso de cuantos existen, ambos pertenecen a una organización, un tanto desconocida para el gran público, denominada Comisión Trilateral. A grandes rasgos, se trata de una sociedad que reúne a gente muy poderosa, tanto política como económicamente hablando, de las tres regiones más desarrolladas durante las últimas décadas del siglo XX: Norteamérica, Europa y Japón (al que, posteriormente, se la han unido otras potencias regionales para dar un nuevo nombre al grupo: Asia-Pacífico). Fundada por David Rockefeller en 1973, a ella pertenecen, entre otros, George Soros, Ben Bernanke o Henry Kissinger, precisamente el que fue el instigador, desde su cargo como Secretario de Estado de los EEUU, de los cambios de régimen en Chile y Argentina comentados anteriormente.

Es un grupo que, por su naturaleza, se confunde con el Club Bilderberg o el Council on Foreign Relations (CFR), de los que hablaré en otra ocasión, ya que muchos de sus miembros pertenecen asimismo a los otros centros de poder (para fomentar la estabilidad, dicen), y que fue creado para “fomentar la cooperación” y “compartir el liderazgo mundial”. Al parecer, para ellos esto significa realizar saqueos económicos a países poco desarrollados, como comentaba en esta otra entrada, a través del FMI y el Banco Mundial, utilizando la deuda externa autogenerada como herramienta. A partir de ahora, Grecia e Italia tendrán como jefes de Gobierno a dos tipos cuya única misión será liquidar dicha deuda, cueste lo que cueste. Y, vistos los antecedentes, si tienen que pasar por encima de sus propios ciudadanos, lo harán. Tiempos difíciles para helenos y transalpinos.

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En estas pre-fechas tan señaladas, asistimos a un aumento del número de lanzamientos de videojuegos. Nada nuevo, teniendo en cuenta la vorágine consumista cíclica que aqueja al Primer Mundo cada vez que se aproxima el fin de año. Pero en esta edición estamos siendo testigos, durante el mes de noviembre, de la puesta en escena de dos nuevos títulos, correspondientes a las franquicias de ‘shooter bélico’ más aclamadas de los últimos años: nada menos que Battlefield y Call of Duty: Modern Warfare estrenan secuela. Ambas con multitud de armas, vehículos y escenarios nuevos, además de cientos de enemigos a los que hacer picadillo de infinidad de maneras diferentes. Sus anuncios pueblan la red; por poner un ejemplo, Modern Warfare 3 ocupa la portada hoy de Youtube. También abundan los anuncios en exteriores, revistas o la misma televisión, por lo menos aquí en el Reino Unido.

Todo ello no tendría el más mínimo interés para aquellos no atraídos por este tipo de entretenimientos, si no fuera porque el lanzamiento de ambos juegos coincide con el Gobierno del Reino Unido notificando preparativos orientados a un posible ataque combinado contra Irán, tal y como recogían los diarios británicos el otro día (entre ellos, ‘The Guardian’). Igual sucedía en EEUU e Israel. Resulta cuanto menos sombrío que, mientras los medios de comunicación de todo tipo nos inundan de publicidad mostrando lo estimulante y cautivadora que resulta la guerra (ficticia), los Gobiernos de tres grandes potencias confabulan para declarar la guerra (real) a un cuarto. Menuda coincidencia.

La guinda la pone una experiencia personal. Me encontraba yo el otro día curioseando en un punto de información del Jobcentre del barrio, algo así como la oficina británica del Paro, cuando descubrí algo realmente oscuro y enervante: en su menú principal, la primera pantalla a la que acceden los desempleados, existen dos opciones básicas: La primera de ellas: “Busca un empleo”. Hasta aquí todo normal. Es la segunda la que me revolvió el estómago: “Encuentra trabajo en las fuerzas armadas”. Directamente, sin pasar por engorrosos menús y clasificaciones. Algo así como “Pincha aquí, empuña un fusil y se acabaron tus problemas”. Y es el ejemplo más contundente, pero la publicidad del Ejército británico se encuentra en todas partes; sin ir más lejos, el ‘British Military Tournament’, concurso que enfrenta a militares y que se celebra durante los primeros días de diciembre, ocupa espacios publicitarios por toda la ciudad.

No se trata solamente de la normalización de un atroz acontecimiento como es una guerra, introduciéndolo en nuestra vida cotidiana mediante continua sugestión pasiva en forma de propaganda belicista, tanto directa como subliminal, si no que, además, ahora se incita activamente a que la gente, sobre todo aquellos más perjudicados por el gran robo del Siglo (también denominado crisis), se aliste en las Fuerzas Armadas como solución total a sus males económicos. Con el éxito de este plan, si es que existe, quien sea que esté detrás podría acabar con tres pájaros de un tiro. Por una parte, a mayor número de gente sin tiempo libre para pensar o actuar, menor sería la posibilidad de que se produjeran protestas o revueltas. Por otra, reforzarían su maquinaria bélica con más efectivos, con el mayor volumen de inversión (y de beneficio, para algunos) que ello supone. Y tercero: todos ellos serían, casi con toda seguridad, gente de sectores económicos deprimidos, perfectamente prescindibles para el poder omnímodo que todo lo mueve. Todos ellos parte de los “cuatro mil millones de estómagos inservibles que hay en el mundo”, según palabras de Henry Kissinger.

 

 

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Los economic hitmen (término traducible por ‘sicarios económicos’*) son personajes cuyo trabajo consiste en convencer a gobiernos de países de niveles económicos inferiores de la necesidad de adquirir bienes. Bienes tales como maquinaria de alta tecnología,  de producción, o -en la mayoría de las ocasiones- armamento, que por regla general estos países no pueden permitirse pagar. Pero tales individuos también proporcionan una solución a este problema: la financiación. No hay que desembolsar nada, reciben la mercancía  y aceptan que un banco se haga cargo del pago, endeudándose con éste  en unas condiciones muy ventajosas… para el prestamista.

Mediante estas triquiñuelas, países que tienen graves problemas para simplemente cubrir sus necesidades ordinarias, adquieren, por poner un ejemplo,  decenas de aviones de combate de última generación para disuadir a sus vecinos  -y   potenciales enemigos-  de cualquier veleidad belicista, consiguiendo así que esos vecinos, alarmados, se rearmen también, convirtiéndose igualmente en clientes de las fábricas de armamento… y de la banca financiera.

Así, el país exportador activa su economía, tanto de producción como financiera, mientras el comprador se va enfangando en deudas a cuyo vencimiento le resulta imposible responder, con lo cual tiene que solicitar nuevos créditos para ir cubriendo las obligaciones de pago, quedando atrapado en una espiral irresoluble. Ocurre con buena parte de los países del Tercer Mundo, que se ven asfixiados sólo para pagar los intereses de la deuda contraída con las entidades financieras  de los países ricos, que les retuercen el brazo hasta límites inimaginables obligándoles, en muchas ocasiones, a cederles la explotación directa de sus recursos naturales para evitar una declaración de quiebra que les hundiría definitivamente en la miseria.**

Esta situación es ahora aplicable a Grecia, anegada por una deuda imposible de pagar, tras haber consumido muy por encima de sus posibilidades, al amparo de un falseamiento de las cuentas públicas a manos de políticos sin escrúpulos. Aludiendo a lo anteriormente expuesto, cabe reseñar que el país heleno es el cuarto importador mundial de armamento y material bélico. Además sus acreedores resultan ser, principalmente,  bancos alemanes y franceses que eran perfectamente conocedores de la falacia económica griega, y de su total incapacidad de responder a las obligaciones financieras contraídas con ellos.

De ahí el interés de Sarkozy y Merkel en solucionar el problema, y rescatar… ¿a Grecia? No. En rescatar el dinero de sus bancos, que es donde van a ir a parar los miles de millones de euros que se van a proporcionar nuevamente a Grecia para que vaya pagando parte de su deuda. Y vuelta a empezar.

Y el pagano de todo esto, los ciudadanos griegos, que sin comerlo ni beberlo van a tener que pechar con una política de despidos masivos y un empobrecimiento brutal de sus economías públicas y domésticas: tienen que conseguir dinero para ir pagando como sea, y las condiciones establecidas por  los “mercados” por voz de sus lacayos, los líderes políticos a su servicio, son leoninas. Hay que prescindir de funcionarios, para pagar con sus nóminas a los banqueros, alargar la edad de jubilación, reducir pensiones…  También veremos en qué queda la iniciativa que pretende que varias de sus islas sean puestas a la venta.

Y hay unos cuantos países, entre ellos el nuestro, mirando acojonados lo que pasa allí, porque detrás vamos nosotros.  Y a pesar de las multitudinarias protestas en la calle, el parlamento griego ha aceptado las terribles condiciones impuestas, para regocijo de sus acreedores.

Qué gran ejemplo, el de la ciudadanía islandesa, llevando al banquillo a los políticos y enseñando el dedo a los bancos.

*El término lo inventó John Perkins, quién fue ‘sicario económico’ durante mucho tiempo, en su libro ‘Confessions of an economic hit-man’ (2004).

** Existe un documental, de reciente estreno, cuyo nombre es esclarecedor a este respecto: ‘Debtocracy’ (2011).

 

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Ayer, día 19 de junio, el Movimiento 15M convocó a todos sus miembros y simpatizantes a manifestarse de nuevo, esta vez sumando el Pacto del Euro a los objetivos de las protestas, y la verdad es que no nos fue nada mal. Decenas de miles de personas en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y muchas ciudades más, extranjeras incluidas (15M Londres, por supuesto, salió a la calle como está mandado, aquí la nota de prensa de hoy).

El Pacto del Euro, para quién no lo sepa, supone un nuevo ataque a la soberanía de los Estados, en teoría gobernados democráticamente, para legislar en materia económica a golpe de decreto del FMI, Banco Central Europeo y demás amiguetes (Más información aquí o aquí). El caso es que, como sucede con estos asuntos, a quienes controlan el gallinero no les gusta que la gente proteste contra ellos, y es aquí donde entran sus siervos, los medios de comunicación. A desprestigiar, a desinflar, a ignorar se ha dicho.

Y estos medios de comunicación, monopolizadores de la información durante tantos años, no acaban de comprender que, hoy por hoy, existen poderosas autopistas de datos al margen de cualquier control que ellos pretendan ejercer. El esperpento de Telemadrid del otro día es un buen ejemplo. Los gurús de tan vomitiva cadena televisiva incrustaron imágenes de la revolución griega para declarar que “El 15M se ha tornado violento” , tratando de socavar con ello el apoyo ciudadano al movimiento. ¿Qué consiguieron? Que tan sofisticada triquiñuela fuera descubierta en unos minutos, para regocijo de la concurrencia.

Esto sucedió en Barcelona, la misma ciudad donde el otro día unos policías de paisano se infiltraron entre los indignados y fomentaron los actos violentos frente al Parlament, de forma que sus compañeros de brillante armadura pudieran interactuar con la gente como más les gusta: a hostia limpia. Poco se ha hablado de ello en los medios. Por no hablar del tremendo titular “La policía desarticula la cúpula de Anonymous en España” de hace un par de semanas, utilizando léxico que, usualmente, los periodistas aplican a grupos implicados en terrorismo. Merece la pena ver la rueda de prensa de los excelentísimos comisarios que lo anunciaron. Digna de Berlanga, oiga.

Resulta grotesco que incluso la OTAN  tenga a Anonymous en el punto de mira., un movimiento internauta nacido de la necesidad de los ciudadanos de defenderse de alguna manera de la pérdida de libertad en pos de la presunta seguridad que nos venden las instituciones, de la servidumbre a los mercados o del asalto a las arcas públicas para darle nuestro dinero a los bancos, entre otras lindezas. ¿Y qué pasó con los presuntos ‘señores del mal’? Que al de cuatro días estaban en la calle por falta de consistencia en las acusaciones. Pero los medios han preferido publicar esto último con letra pequeña (‘El Economista’ comenta algo, y poco más). Qué cosas.

En definitiva, el 19J ha supuesto una importante recarga de energía para el 15M y, por mucho que se empeñen, los otrora omnipotentes medios de comunicación, aún con todo el poder económico que les dispensa su condición de leales perritos falderos, no pueden hacer nada para evitar que aumenten los apoyos al movimiento. A partir de ahí tienen dos opciones: Seguir haciendo el ridículo y perdiendo credibilidad a paladas, o empezar a aplicar los fundamentos periodísticos, tales como veracidad, objetividad, etc…  Lo enseñaban en la Facultad, ¿no?

Fotografía del 19J en Londres, cortesía de Quexuco (más en http://www.flickr.com/groups/acampadalondres/)

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Si hace escasos meses era la gente de ‘lejanos’ países como Túnez o Egipto la que entonaba el “¡Se acabó!”, ahora, para sorpresa de muchos que veían tan distantes aquellas revoluciones, le ha tocado a España. ¡A España! De momento, como aquellas, sólo ha comenzado como una protesta, denominada Quince de Mayo (por aquello de que empezó ése día) a la que cada vez se suman más y más personas. Gente de todo tipo y condición abarrota los puntos de encuentro fijados en cada localidad, tomando como ejemplo Madrid y su multitudinaria concentración en la Puerta del Sol. Y digo ‘localidad’ porque las protestas distan mucho de localizarse sólo en las capitales; prácticamente en cada provincia pueden encontrarse dos o tres lugares (y en algunas muchos más) en los que la gente se reúne. De hecho, el movimiento ha traspasado fronteras y ya hay concentraciones en muchos otros países, como puede verse en este mapa .

En esta ocasión y sin que sirva de precedente, me saltaré los prolegómenos. Los medios de comunicación, algunos mejor que otros, se bastan para poner en situación a aquel que lo desee. En resumen: la gente está harta, indignada. Esa gente que arrastra una hipoteca tres veces superior al valor actual de su casa, esa gente a la que aguarda un futuro incierto al terminar los estudios, esa gente que, hoy por hoy, no tiene ni para comer porque se ha quedado sin trabajo, mientras hay tipejos de avaricia infinita que no paran de embolsarse dinero a costa de reducir el estado del bienestar de los demás. Esa gente, de todo tipo y condición, que está harta de que el sistema se burle de ella, y de ser tachada casi de delincuente por el simple hecho de no poder aguantar más. Citando textualmente a un protestante: “Yo no soy antisistema, ¡es el sistema el que es anti-yo!”. No podría estar más de acuerdo. Y ya no me refiero solamente a la razón por las que se han iniciado las protestas en España y por la que está ahora mismo la gente en la calle, que no es otra que la exigencia del fin del bipartidismo imperante, supeditado a los poderes económicos vigentes, sino a lo que sería dar un paso más allá: a cambiar, precisamente, ese sistema económico que, gobernado por una ínfima minoría, pretende dejar fuera a la inmensa mayoría de la población, eliminando poco a poco las clases medias, aquello que siempre se ha denominado como factor clave para el triunfo de la democracia. Ese sistema que nos ha dado una bofetada sin vuelta atrás en 2008, bofetada denominada “crisis” por aquellos que la propinaron.

Pero por algo se empieza. Los ciudadanos del denominado Primer Mundo, empezando por España, han despertado, se están movilizando y ahora veremos hasta dónde se puede llegar.  En Facebook proliferan las páginas centradas en las protestas, mientras los hashtags de Twitter como #15M, #nolesvotes o #spanishrevolution arden a esta hora de la noche.  Yo, por mi parte, ya que todo esto me ha pillado en Londres, mañana me voy de acampada enfrente de la Embajada. Y como yo muchos más, desde Madrid a Albacete, pasando por Bilbao, París o un pueblo de Salamanca que se llama Peralejos.

 

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