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Posts Tagged ‘Reino Unido’

En estas pre-fechas tan señaladas, asistimos a un aumento del número de lanzamientos de videojuegos. Nada nuevo, teniendo en cuenta la vorágine consumista cíclica que aqueja al Primer Mundo cada vez que se aproxima el fin de año. Pero en esta edición estamos siendo testigos, durante el mes de noviembre, de la puesta en escena de dos nuevos títulos, correspondientes a las franquicias de ‘shooter bélico’ más aclamadas de los últimos años: nada menos que Battlefield y Call of Duty: Modern Warfare estrenan secuela. Ambas con multitud de armas, vehículos y escenarios nuevos, además de cientos de enemigos a los que hacer picadillo de infinidad de maneras diferentes. Sus anuncios pueblan la red; por poner un ejemplo, Modern Warfare 3 ocupa la portada hoy de Youtube. También abundan los anuncios en exteriores, revistas o la misma televisión, por lo menos aquí en el Reino Unido.

Todo ello no tendría el más mínimo interés para aquellos no atraídos por este tipo de entretenimientos, si no fuera porque el lanzamiento de ambos juegos coincide con el Gobierno del Reino Unido notificando preparativos orientados a un posible ataque combinado contra Irán, tal y como recogían los diarios británicos el otro día (entre ellos, ‘The Guardian’). Igual sucedía en EEUU e Israel. Resulta cuanto menos sombrío que, mientras los medios de comunicación de todo tipo nos inundan de publicidad mostrando lo estimulante y cautivadora que resulta la guerra (ficticia), los Gobiernos de tres grandes potencias confabulan para declarar la guerra (real) a un cuarto. Menuda coincidencia.

La guinda la pone una experiencia personal. Me encontraba yo el otro día curioseando en un punto de información del Jobcentre del barrio, algo así como la oficina británica del Paro, cuando descubrí algo realmente oscuro y enervante: en su menú principal, la primera pantalla a la que acceden los desempleados, existen dos opciones básicas: La primera de ellas: “Busca un empleo”. Hasta aquí todo normal. Es la segunda la que me revolvió el estómago: “Encuentra trabajo en las fuerzas armadas”. Directamente, sin pasar por engorrosos menús y clasificaciones. Algo así como “Pincha aquí, empuña un fusil y se acabaron tus problemas”. Y es el ejemplo más contundente, pero la publicidad del Ejército británico se encuentra en todas partes; sin ir más lejos, el ‘British Military Tournament’, concurso que enfrenta a militares y que se celebra durante los primeros días de diciembre, ocupa espacios publicitarios por toda la ciudad.

No se trata solamente de la normalización de un atroz acontecimiento como es una guerra, introduciéndolo en nuestra vida cotidiana mediante continua sugestión pasiva en forma de propaganda belicista, tanto directa como subliminal, si no que, además, ahora se incita activamente a que la gente, sobre todo aquellos más perjudicados por el gran robo del Siglo (también denominado crisis), se aliste en las Fuerzas Armadas como solución total a sus males económicos. Con el éxito de este plan, si es que existe, quien sea que esté detrás podría acabar con tres pájaros de un tiro. Por una parte, a mayor número de gente sin tiempo libre para pensar o actuar, menor sería la posibilidad de que se produjeran protestas o revueltas. Por otra, reforzarían su maquinaria bélica con más efectivos, con el mayor volumen de inversión (y de beneficio, para algunos) que ello supone. Y tercero: todos ellos serían, casi con toda seguridad, gente de sectores económicos deprimidos, perfectamente prescindibles para el poder omnímodo que todo lo mueve. Todos ellos parte de los “cuatro mil millones de estómagos inservibles que hay en el mundo”, según palabras de Henry Kissinger.

 

 

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Ayer, día 19 de junio, el Movimiento 15M convocó a todos sus miembros y simpatizantes a manifestarse de nuevo, esta vez sumando el Pacto del Euro a los objetivos de las protestas, y la verdad es que no nos fue nada mal. Decenas de miles de personas en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y muchas ciudades más, extranjeras incluidas (15M Londres, por supuesto, salió a la calle como está mandado, aquí la nota de prensa de hoy).

El Pacto del Euro, para quién no lo sepa, supone un nuevo ataque a la soberanía de los Estados, en teoría gobernados democráticamente, para legislar en materia económica a golpe de decreto del FMI, Banco Central Europeo y demás amiguetes (Más información aquí o aquí). El caso es que, como sucede con estos asuntos, a quienes controlan el gallinero no les gusta que la gente proteste contra ellos, y es aquí donde entran sus siervos, los medios de comunicación. A desprestigiar, a desinflar, a ignorar se ha dicho.

Y estos medios de comunicación, monopolizadores de la información durante tantos años, no acaban de comprender que, hoy por hoy, existen poderosas autopistas de datos al margen de cualquier control que ellos pretendan ejercer. El esperpento de Telemadrid del otro día es un buen ejemplo. Los gurús de tan vomitiva cadena televisiva incrustaron imágenes de la revolución griega para declarar que “El 15M se ha tornado violento” , tratando de socavar con ello el apoyo ciudadano al movimiento. ¿Qué consiguieron? Que tan sofisticada triquiñuela fuera descubierta en unos minutos, para regocijo de la concurrencia.

Esto sucedió en Barcelona, la misma ciudad donde el otro día unos policías de paisano se infiltraron entre los indignados y fomentaron los actos violentos frente al Parlament, de forma que sus compañeros de brillante armadura pudieran interactuar con la gente como más les gusta: a hostia limpia. Poco se ha hablado de ello en los medios. Por no hablar del tremendo titular “La policía desarticula la cúpula de Anonymous en España” de hace un par de semanas, utilizando léxico que, usualmente, los periodistas aplican a grupos implicados en terrorismo. Merece la pena ver la rueda de prensa de los excelentísimos comisarios que lo anunciaron. Digna de Berlanga, oiga.

Resulta grotesco que incluso la OTAN  tenga a Anonymous en el punto de mira., un movimiento internauta nacido de la necesidad de los ciudadanos de defenderse de alguna manera de la pérdida de libertad en pos de la presunta seguridad que nos venden las instituciones, de la servidumbre a los mercados o del asalto a las arcas públicas para darle nuestro dinero a los bancos, entre otras lindezas. ¿Y qué pasó con los presuntos ‘señores del mal’? Que al de cuatro días estaban en la calle por falta de consistencia en las acusaciones. Pero los medios han preferido publicar esto último con letra pequeña (‘El Economista’ comenta algo, y poco más). Qué cosas.

En definitiva, el 19J ha supuesto una importante recarga de energía para el 15M y, por mucho que se empeñen, los otrora omnipotentes medios de comunicación, aún con todo el poder económico que les dispensa su condición de leales perritos falderos, no pueden hacer nada para evitar que aumenten los apoyos al movimiento. A partir de ahí tienen dos opciones: Seguir haciendo el ridículo y perdiendo credibilidad a paladas, o empezar a aplicar los fundamentos periodísticos, tales como veracidad, objetividad, etc…  Lo enseñaban en la Facultad, ¿no?

Fotografía del 19J en Londres, cortesía de Quexuco (más en http://www.flickr.com/groups/acampadalondres/)

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El resultado de las elecciones municipales y autonómicas de ayer deja un balance desesperanzador, a la vez que esperado: el PP se hace con el poder en todas partes menos en Euskadi (donde Bildu irrumpe con fuerza y el voto es principalmente nacionalista, tanto para la izquierda abertzale como para el PNV), Catalunya (CiU) y Navarra (UPN), Extremadura y Asturias, únicas comunidades donde se mantienen los socialistas, que pierden terreno a paladas. Repito, nada que no esperásemos, y es por ello que pero pese a tratarse de una parte integrante del contexto político/social actual, éste no va a ser el tema central de mi reflexión de hoy.  No obstante, para mayor información, remito a este blog que explica muy bien la evolución del voto desde los comicios de 2007, así como la influencia del movimiento ciudadano del #15M en las recientes elecciones. También podéis echarle un vistazo a esta gráfica que representa los resultados de ayer. Una gráfica que los medios no mostrarán…

Ayer llegó a su fin la acampada organizada durante estos días enfrente de la Embajada Española  por parte del colectivo Democracia Real Ya Londres (blog oficial, página de Google), al que me enorgullezco de pertenecer, surgido como reflejo londinense al #15M de Madrid. Ha sido un fin de semana agotador, pero que realmente ha merecido la pena vivir. Los recuentos “a ojo de buen cubero”, como comentaba un compañero ayer, estiman en unas 600 personas los picos de mayor afluencia a las Asambleas, mientras que el sábado llegamos a ser más de setenta personas las que allí pernoctamos. En cuatro días hemos avanzado mucho, estableciendo comisiones específicas para agilizar el desarrollo de todo aquello necesario para el crecimiento del movimiento, y desarrollando la hoja de ruta de los objetivos que, en un futuro próximo, deseamos alcanzar. Entre dichas metas, se cuentan algunas acciones específicas de generación de notoriedad que esperamos realizar durante esta semana, así como contactos con otros grupos activistas no violentos en Londres. También se está barajando la posibilidad de “coordinar” de alguna forma todos los movimientos afines a Democracia Real Ya que vayan surgiendo en el Reino Unido.

Esto no ha hecho más que empezar, y pese  a ser una pequeña parte del total de la comunidad española en Londres, que se aproxima a unas 45.000 personas, vamos a más. Es por ello que necesitamos que se difunda el mensaje de que estamos ahí, para que se nos vaya uniendo más y más gente. Pero lo que es realmente necesario, y para esto sí que necesitamos a la gente de Sol, por aquello de que son los “padres” de este movimiento, y los que más repercusión mediática poseen, es que no decaiga el ánimo y nos mantengamos firmes en nuestras convicciones. De momento,  una semana más (concentraciones todos los días y durante el fin de semana acamparemos de nuevo), pero espero que sigamos peleando por nuestros derechos hasta que, siguiendo el ejemplo islandés, nos den lo que es nuestro. Una democracia real y justa para todos.

 

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Durante estos días, asisto expectante a  la atípica y bulliciosa campaña preelectoral británica. Atípica, por darse la especial circunstancia de existir tres partidos con un importante respaldo, y bulliciosa precisamente por esto mismo: la prensa internacional se hace particular eco de estas elecciones por darse una situación jamás vista en las islas con anterioridad.

Mi seguimiento no se basa tanto en mi relativo interés en conocer las maniobras de los partidos, o en pretender adivinar las intenciones que mueven al colectivo elector británico, si no en esa característica que mencionaba anteriormente y que hacen a este proceso único en los más de trescientos años de historia parlamentaria del Reino Unido: la irrupción de una tercera fuera política en liza, con posibilidades reales de alterar el tradicional equilibrio bipartidista. Este partido, denominado liberal-demócrata (no lo sé con certeza, pero supongo que herederos del antiguo partido whig, antaño rival de los tories en las cámaras parlamentarias) basa su fortaleza en la frescura de su líder, el candidato Nick Clegg, frente a las tradicionales posturas conservadora y laboralista.

La irrupción de Clegg, al que algunos ya comparan con Churchill u Obama, en la campaña preelectoral no parecía, en un principio, suponer mayor amenaza para el bipartidismo imperante que la que pueden representar otros partidos minoritarios, como los nacionalistas. Sin embargo, un reciente debate televisado entre éste y los dos candidatos de los principales partidos, propició el espectacular ascenso de los liberal-demócratas, hasta el punto de equipararse a sus dos rivales. Es de suponer que los votantes británicos, hastiados del continuismo de las políticas que han llevado a cabo sus gobiernos en los últimos años, hayan visto en el nuevo candidato una oportunidad de reprender al “establishment” parlamentario.

No obstante, este giro en los acontecimientos puede tener repercusiones mucho mayores para el sistema electoral británico, diseñado precisamente para que exista una mayoría bipartidista que prevenga de procesos largos que presuntamente lastrarían la toma de decisiones, y similar a la Ley Electoral existente en España. De hecho, la sede física de la Cámara de los Comunes no posee una forma hemicíclica, como se le presupone a una sala de estas características, si no que tiene forma rectangular, con los asientos enfrentados en dos grandes grupos. Por tanto, de obtener un respaldo significativo, el partido liberal-demócrata alteraría los mismos cimientos del sistema parlamentario, quizá incluso obteniendo la capacidad de forzar una modificación de dicha Ley Electoral, que no hace sino menoscabar la capacidad de las minorías para participar en los procesos legislativos. Y hete aquí el meollo de la cuestión. Si un partido británico de tradicional poco peso es capaz de crecer hasta obtener la capacidad electa de hacer frente parlamentario a los dos grandes, ¿por qué no ha de poder hacerlo un partido español?

Cierto es que las características de ambos electorados son muy diferentes, así como los partidos a los que tradicionalmente votan. Diferencias acentuadas quizá por el clima de tensión que se vive en la vida política y parlamentaria en este país, propiciadas por una oposición salvaje y obstruccionista, actitud esta alimentada por el negacionismo que ha invadido a este partido, el PP, desde que perdiera las elecciones en 2004. Pero es precisamente este clima, que ha obligado al Gobierno a trabajar casi siempre a la defensiva (y no pretendo hacerles apología pero, independientemente de su gestión, que ahora no entraré a valorar, presupongo difícil gobernar un país con un partido opositor que te pone la zancadilla siempre que puede, amén de las desvergonzadas declaraciones que a veces hacen sus dirigentes, o todos los escándalos que les salpican y que se niegan a resolver como deberían) el que habría de propiciar la aparición de una alternativa que, además de darles a ambos un bofetón en la cara, ayudase a España a librarse de la lacra que arrastra desde la Transición, cuando se instauró una norma discriminatoria para dotar al país “de mayor estabilidad”: la Ley Electoral, y con ello la desaparición del denominado “voto útil”. Quizá en aquellos convulsos tiempos funcionara, pero hoy por hoy la considero completamente antidemocrática y discriminatoria. Quizá peque de exceso de confianza (tanto en aquellos como en nosotros), pero es por ello que miro expectante al Reino Unido.

 

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