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Posts Tagged ‘revolución’

Ayer, día 19 de junio, el Movimiento 15M convocó a todos sus miembros y simpatizantes a manifestarse de nuevo, esta vez sumando el Pacto del Euro a los objetivos de las protestas, y la verdad es que no nos fue nada mal. Decenas de miles de personas en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y muchas ciudades más, extranjeras incluidas (15M Londres, por supuesto, salió a la calle como está mandado, aquí la nota de prensa de hoy).

El Pacto del Euro, para quién no lo sepa, supone un nuevo ataque a la soberanía de los Estados, en teoría gobernados democráticamente, para legislar en materia económica a golpe de decreto del FMI, Banco Central Europeo y demás amiguetes (Más información aquí o aquí). El caso es que, como sucede con estos asuntos, a quienes controlan el gallinero no les gusta que la gente proteste contra ellos, y es aquí donde entran sus siervos, los medios de comunicación. A desprestigiar, a desinflar, a ignorar se ha dicho.

Y estos medios de comunicación, monopolizadores de la información durante tantos años, no acaban de comprender que, hoy por hoy, existen poderosas autopistas de datos al margen de cualquier control que ellos pretendan ejercer. El esperpento de Telemadrid del otro día es un buen ejemplo. Los gurús de tan vomitiva cadena televisiva incrustaron imágenes de la revolución griega para declarar que “El 15M se ha tornado violento” , tratando de socavar con ello el apoyo ciudadano al movimiento. ¿Qué consiguieron? Que tan sofisticada triquiñuela fuera descubierta en unos minutos, para regocijo de la concurrencia.

Esto sucedió en Barcelona, la misma ciudad donde el otro día unos policías de paisano se infiltraron entre los indignados y fomentaron los actos violentos frente al Parlament, de forma que sus compañeros de brillante armadura pudieran interactuar con la gente como más les gusta: a hostia limpia. Poco se ha hablado de ello en los medios. Por no hablar del tremendo titular “La policía desarticula la cúpula de Anonymous en España” de hace un par de semanas, utilizando léxico que, usualmente, los periodistas aplican a grupos implicados en terrorismo. Merece la pena ver la rueda de prensa de los excelentísimos comisarios que lo anunciaron. Digna de Berlanga, oiga.

Resulta grotesco que incluso la OTAN  tenga a Anonymous en el punto de mira., un movimiento internauta nacido de la necesidad de los ciudadanos de defenderse de alguna manera de la pérdida de libertad en pos de la presunta seguridad que nos venden las instituciones, de la servidumbre a los mercados o del asalto a las arcas públicas para darle nuestro dinero a los bancos, entre otras lindezas. ¿Y qué pasó con los presuntos ‘señores del mal’? Que al de cuatro días estaban en la calle por falta de consistencia en las acusaciones. Pero los medios han preferido publicar esto último con letra pequeña (‘El Economista’ comenta algo, y poco más). Qué cosas.

En definitiva, el 19J ha supuesto una importante recarga de energía para el 15M y, por mucho que se empeñen, los otrora omnipotentes medios de comunicación, aún con todo el poder económico que les dispensa su condición de leales perritos falderos, no pueden hacer nada para evitar que aumenten los apoyos al movimiento. A partir de ahí tienen dos opciones: Seguir haciendo el ridículo y perdiendo credibilidad a paladas, o empezar a aplicar los fundamentos periodísticos, tales como veracidad, objetividad, etc…  Lo enseñaban en la Facultad, ¿no?

Fotografía del 19J en Londres, cortesía de Quexuco (más en http://www.flickr.com/groups/acampadalondres/)

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Repulsión. Vergüenza. Obscenidad. Indecencia. Algunas de las cosas que sentí cuando vi las imágenes que nos llegaron desde la Acampada de Barcelona el pasado viernes. Animales de bellota pertrechados con porras y escudos, hiriendo sin contemplaciones a ciudadanos pacíficos sentados en el suelo,  incluso de espaldas a ellos, que ejercían libremente su Derecho Fundamental de reunión y manifestación reconocido en la Constitución Española. ¿Es así como funciona el Estado de Derecho?

Fue una actuación digna de los más turbios modelos fascistas,  urdida por el conseller Puig para conseguir… absolutamente nada, salvo colapsar las salas de urgencias de los hospitales más próximos, y dar un poco de entretenimiento a sus fornidos muchachotes, que se emplearon con viril entusiasmo en el cumplimiento de la arriesgada misión encomendada. Hay que ver esos vídeos para comprobar el magnífico grado de conexión de los cuerpos policiales con la población civil a la que sirven. Y luego, uno a uno, dirán que sólo cumplían órdenes.  Manda güevos.

Y al calor de tales podredumbres se arriman las sabandijas, pidiendo más y más. Es el caso del converso de nombre Pío Moa, un tipejo que en algún momento militó en la izquierda más radical, incluso en el GRAPO -un grupo armado de muy dudosa e inexplicada procedencia que adquirió cierto infausto protagonismo durante la Transición-, y que hace ya algún tiempo sufrió algún tipo de abducción y se convirtió al apostolado franquista, dedicándose a rellenar febrilmente páginas y páginas de auténtica y deleznable basura hagiográfica del generalito aquél que puso punto final a bombazos a la segunda experiencia republicana española. Pues bien, ese tipo se permite llamar descerebrados a quienes hemos tenido la iniciativa de alzar nuestra voz contra los mangoneos de que viene siendo objeto nuestra sociedad civil a manos de todo tipo de trepas, tanto manipuladores (léase banqueros y demás inmundicia), como instrumentalizados (políticos y conselleres varios).

El tal Pío es el perpetrador de una serie de exabruptos enlazados a modo de artículo periodístico, que ha cobijado en ese vomitivo espacio internáutico llamado “libertad digital”, y en el que se alienta el uso de la violencia, a la vez que se insulta y califica de “delincuentes” a todos los que, a día de hoy, luchan por recuperar sus derechos, y al que podéis dedicar vuestras alabanzas pinchando aquí, donde se han tomado la molestia de reseñarlo.

Por otra parte, en Londres seguimos haciendo progresos. A la irrupción en el directo de TVE en Hyde Park (el pasado viernes), se sumó el sábado  una gran pancarta en el interior de  Wembley boicoteada en la retransmisión televisiva, y la concentración de Trafalgar Square del pasado domingo, que se repetirá -esperamos que con creces- este próximo, y donde conseguimos reunir a un amplio número de personas. Para información más detallada, la última nota de prensa publicada aquí. (y aquí en inglés).

Cambiando de tercio y también de hemisferio, me alegro mucho de que Vargas Llosa haya terminado su relación con el diario peruano “El Comercio”, al que acusa de actuar como máquina propagandística en favor de Keiko Fujimori, hija del ex dictador, durante la presente campaña electoral en el país sudamericano. Se agradece ver, de vez en cuando, gestos como éste, donde la ética propia se antepone a los intereses crematísticos. Bravo por el flamante Nobel.

 

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El resultado de las elecciones municipales y autonómicas de ayer deja un balance desesperanzador, a la vez que esperado: el PP se hace con el poder en todas partes menos en Euskadi (donde Bildu irrumpe con fuerza y el voto es principalmente nacionalista, tanto para la izquierda abertzale como para el PNV), Catalunya (CiU) y Navarra (UPN), Extremadura y Asturias, únicas comunidades donde se mantienen los socialistas, que pierden terreno a paladas. Repito, nada que no esperásemos, y es por ello que pero pese a tratarse de una parte integrante del contexto político/social actual, éste no va a ser el tema central de mi reflexión de hoy.  No obstante, para mayor información, remito a este blog que explica muy bien la evolución del voto desde los comicios de 2007, así como la influencia del movimiento ciudadano del #15M en las recientes elecciones. También podéis echarle un vistazo a esta gráfica que representa los resultados de ayer. Una gráfica que los medios no mostrarán…

Ayer llegó a su fin la acampada organizada durante estos días enfrente de la Embajada Española  por parte del colectivo Democracia Real Ya Londres (blog oficial, página de Google), al que me enorgullezco de pertenecer, surgido como reflejo londinense al #15M de Madrid. Ha sido un fin de semana agotador, pero que realmente ha merecido la pena vivir. Los recuentos “a ojo de buen cubero”, como comentaba un compañero ayer, estiman en unas 600 personas los picos de mayor afluencia a las Asambleas, mientras que el sábado llegamos a ser más de setenta personas las que allí pernoctamos. En cuatro días hemos avanzado mucho, estableciendo comisiones específicas para agilizar el desarrollo de todo aquello necesario para el crecimiento del movimiento, y desarrollando la hoja de ruta de los objetivos que, en un futuro próximo, deseamos alcanzar. Entre dichas metas, se cuentan algunas acciones específicas de generación de notoriedad que esperamos realizar durante esta semana, así como contactos con otros grupos activistas no violentos en Londres. También se está barajando la posibilidad de “coordinar” de alguna forma todos los movimientos afines a Democracia Real Ya que vayan surgiendo en el Reino Unido.

Esto no ha hecho más que empezar, y pese  a ser una pequeña parte del total de la comunidad española en Londres, que se aproxima a unas 45.000 personas, vamos a más. Es por ello que necesitamos que se difunda el mensaje de que estamos ahí, para que se nos vaya uniendo más y más gente. Pero lo que es realmente necesario, y para esto sí que necesitamos a la gente de Sol, por aquello de que son los “padres” de este movimiento, y los que más repercusión mediática poseen, es que no decaiga el ánimo y nos mantengamos firmes en nuestras convicciones. De momento,  una semana más (concentraciones todos los días y durante el fin de semana acamparemos de nuevo), pero espero que sigamos peleando por nuestros derechos hasta que, siguiendo el ejemplo islandés, nos den lo que es nuestro. Una democracia real y justa para todos.

 

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Si hace escasos meses era la gente de ‘lejanos’ países como Túnez o Egipto la que entonaba el “¡Se acabó!”, ahora, para sorpresa de muchos que veían tan distantes aquellas revoluciones, le ha tocado a España. ¡A España! De momento, como aquellas, sólo ha comenzado como una protesta, denominada Quince de Mayo (por aquello de que empezó ése día) a la que cada vez se suman más y más personas. Gente de todo tipo y condición abarrota los puntos de encuentro fijados en cada localidad, tomando como ejemplo Madrid y su multitudinaria concentración en la Puerta del Sol. Y digo ‘localidad’ porque las protestas distan mucho de localizarse sólo en las capitales; prácticamente en cada provincia pueden encontrarse dos o tres lugares (y en algunas muchos más) en los que la gente se reúne. De hecho, el movimiento ha traspasado fronteras y ya hay concentraciones en muchos otros países, como puede verse en este mapa .

En esta ocasión y sin que sirva de precedente, me saltaré los prolegómenos. Los medios de comunicación, algunos mejor que otros, se bastan para poner en situación a aquel que lo desee. En resumen: la gente está harta, indignada. Esa gente que arrastra una hipoteca tres veces superior al valor actual de su casa, esa gente a la que aguarda un futuro incierto al terminar los estudios, esa gente que, hoy por hoy, no tiene ni para comer porque se ha quedado sin trabajo, mientras hay tipejos de avaricia infinita que no paran de embolsarse dinero a costa de reducir el estado del bienestar de los demás. Esa gente, de todo tipo y condición, que está harta de que el sistema se burle de ella, y de ser tachada casi de delincuente por el simple hecho de no poder aguantar más. Citando textualmente a un protestante: “Yo no soy antisistema, ¡es el sistema el que es anti-yo!”. No podría estar más de acuerdo. Y ya no me refiero solamente a la razón por las que se han iniciado las protestas en España y por la que está ahora mismo la gente en la calle, que no es otra que la exigencia del fin del bipartidismo imperante, supeditado a los poderes económicos vigentes, sino a lo que sería dar un paso más allá: a cambiar, precisamente, ese sistema económico que, gobernado por una ínfima minoría, pretende dejar fuera a la inmensa mayoría de la población, eliminando poco a poco las clases medias, aquello que siempre se ha denominado como factor clave para el triunfo de la democracia. Ese sistema que nos ha dado una bofetada sin vuelta atrás en 2008, bofetada denominada “crisis” por aquellos que la propinaron.

Pero por algo se empieza. Los ciudadanos del denominado Primer Mundo, empezando por España, han despertado, se están movilizando y ahora veremos hasta dónde se puede llegar.  En Facebook proliferan las páginas centradas en las protestas, mientras los hashtags de Twitter como #15M, #nolesvotes o #spanishrevolution arden a esta hora de la noche.  Yo, por mi parte, ya que todo esto me ha pillado en Londres, mañana me voy de acampada enfrente de la Embajada. Y como yo muchos más, desde Madrid a Albacete, pasando por Bilbao, París o un pueblo de Salamanca que se llama Peralejos.

 

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“¡Está loco!”, claman algunos. En mi opinión, y en la de cantidad de otras personas mucho más expertas que yo en el tema, nada más lejos de la realidad. Muammar el Gaddafi sabe muy bien lo que hace, y por qué. No en vano lleva más de cuarenta años a las riendas del Estado libio, en un lento pero inexorable proceso de apropiación de los bienes del país, véase petróleo y por ende riqueza, mucha riqueza. Como parte de esta estrategia, denominada por él mismo como “programa socialista de gobierno”, Gaddafi nacionalizó en la década de 1970 toda la empresa privada, incluyendo la tierra, la industria petrolera y los bancos, y permitiendo sólo los pequeños negocios familiares. Y cuando uno lleva tanto tiempo al mando de la situación, con todo bien ordenado y bajo férreo control, no le gusta que le digan lo que tiene que hacer.

Esto es precisamente lo que ahora está ocurriendo en Libia: su pueblo se ha hartado de su “gestión” y quiere deshacerse de él. Pero Gaddafi, lejos de amedrentarse como recientemente ha sucedido con Ben Ali o Mubarak, ha mirado a este nuevo desafío de frente, y ha cargado contra él con una rabia furibunda, utilizando para ello todos los medios a su disposición, entre los que se incluyen mercenarios, contratados por el Gobierno para disparar contra su propio pueblo. Y me refiero a esta revolución como nuevo desafío porque Gaddafi lleva lidiando, muchos años ya, con todo tipo de situaciones complicadas, y a menudo generadas por él mismo: desde acciones inherentes al terrorismo de Estado (se le acusa de haber apoyado los atentados de la Masacre de Múnich, del derribo de dos aviones civiles o de financiar organizaciones terroristas como ETA o el IRA, entre otros) a su más reciente incorporación a la comunidad internacional extranjera (Entre el final de la década de 1990 y el inicio de los años 2000) tras abandonar el patrocinio de terrorismo en terceros países y efectuar la apertura de los mercados libios a la inversión extranjera, pasando por sus intentos de crear y liderar una Asociación de Repúblicas Árabes.

En cualquier caso, y dejando atrás cualquier otra consideración, lo que no es admisible es la brutalidad con la que el coronel libio trata de reprimir la revolución de su pueblo. Fuego indiscriminado sobre manifestantes, violaciones y torturas, bombardeos sobre poblaciones civiles indefensas… Básicamente, lo que se podría considerar como crímenes contra la humanidad en toda regla. Ante lo que la comunidad internacional, para estupor de sus ciudadanos, no es capaz de imponer más que “condenas y sanciones”. La OTAN, a fecha de hoy, supedita cualquier acción al Consejo de Seguridad de la ONU, bloqueado por las reticencias de Rusia y China a permitir cualquier opción armada, que mantienen (o mantenían) buenas relaciones con Libia, y que además opino no desean ver caer a un régimen que es demasiado parecido a los suyos propios. Aunque Obama no descarta del todo una acción unilateral de la Alianza, ya que sus declaraciones dan a entender que se ha tomado el tema como algo personal, (“Gaddafi debe irse”) y un fracaso en el objetivo marcado supondría una gran merma en su autoridad política, tanto a nivel nacional (hasta los republicanos le piden que actúe) como internacional; situación que, creo yo, hace tanto a rusos como a chinos tomar posiciones aún más reacias, si cabe, a una intervención.

Por su parte, la Liga Árabe da su visto bueno a la creación de una zona de exclusión aérea, aunque la Unión Africana se opone a ello. El caso del papel de esta institución en el conflicto es digno del sarcasmo más refinado, pues la mayoría de los dirigentes que la integran son dictadores también (su actual presidente es Teodoro Obiang, uno de los peores), y fue fundada y avalada ¡por el propio Gaddafi! Así que, como es obvio, también reniegan de una intervención exterior.

Y yo me pregunto: Aún siendo cierto que la incursión militar en un Estado soberano sea un asunto peliagudo y que no debe tomarse a la ligera, ¿tanta inversión en armamentos y entrenamiento de súper soldados para que, cuando llega el momento de utilizarlos para un fin humanista, todo sean peros y reticencias? Es obvio que, una vez más, nadie arriesga nada por nada. Y la máxima de esta afirmación es fielmente representada por Europa, que ha demostrado una vez más estar dotada de un organismo de coordinación supraestatal altamente ineficaz, especialmente en asuntos extraeuropeos. Una vez más, insisto, se ven incapaces de tomar decisiones contundentes y acordes al contexto, condición ésta que fue fielmente reproducida cuando fueron nombrados los actuales presidente y jefa de la diplomacia, ambos de perfil bajo para no hacer sombra al liderazgo del ‘star-system’ continental, véase Merkel, Sarkozy y compañía. Pero ésta es otra historia. ¿Hará el mundo algo más que mirar mientras el pueblo libio muere a manos de un carnicero ególatra y sin escrúpulos?

 

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Ya está. El mundo árabe, la gente que lo compone, ha dicho basta. Y digo árabe aunque estrictamente muchos de los países a los que hago referencia no lo sean por origen, aunque sí por lengua hablada. Es lo que tienen todos ellos en común, lo que les une, además de esa cólera imparable que tiene como objetivo a sus líderes políticos; reyes, presidentes y primeros ministros que, hasta ahora, han hecho de sus respectivos países sus patios de recreo.

Pero, al parecer, la gente está ya cansada de soportar semejante lastre. La revolución tunecina (por ser la primera) y egipcia (por ser éste un país mucho mayor, y por las profundas consecuencias geopolíticas que traerá) han abierto una puerta que hasta hace poco tiempo se creía inexpugnable, y no son pocos los que, tras otear el resquicio, pretenden colarse ahora por ella. Las autocracias que llevan gobernando sus destinos con el taimado beneplácito de Occidente se tambalean tras las arremetidas de los ciudadanos, y es el momento del cambio. Muchos se rasgarán las vestiduras, creyendo que los países inmersos en procesos revolucionarios, al incluir voces islamistas en su pluralidad, se transformarán en una suerte de Irán, plagados de muyahidín, deseosos de destruir el ‘mundo civilizado’.

Esgrimiendo estas afirmaciones, Europa y sus aliados llevan sustentando durante décadas a toda suerte de tiranos, en un intento de alejar al Islam del poder, razón que ha empujado a Israel a, en primera instancia, condenar las revoluciones: Israel, orgulloso abanderado de la democracia en Oriente Medio quién, mientras lucía su flamante etiqueta de único país plural y liberal en la región, financiaba y cubría a quienes, según ellos, les protegerían del enemigo musulmán, imponiendo políticas de privación de libertades bajo el paraguas de la seguridad, siempre presionados por ellos y sus aliados de Occidente. Para ellos, era autocracia o teocracia.


El tiempo, como suele suceder, demostrará si estaban en lo cierto o no. En cualquier caso, lo que no es aceptable es que fuerzas externas decidan unilateralmente vetar a un pueblo su derecho a decidir. Porque ése es el quid de la cuestión, la razón por la que ha muerto tanta gente en Túnez y Egipto, donde finalmente los autócratas han caído, y la razón por la que lo está haciendo ahora en Argelia, Yemen, Bahréin o Libia. Ellos quieren ser los dueños de su futuro, y están luchando por ello.

En algunos de estos países que cito, como Bahréin, el cacique de turno lleva más de 40 años en el poder. Cual sanguijuelas fluviales, han dedicado todo este tiempo a enriquecerse a costa de hundir en la miseria a sus compatriotas. Pongo Bahréin como ejemplo porque tengo la suerte de contar con testimonios de primera mano sobre la situación en el país, en el que, al contrario que lo sucedido en Egipto, por ejemplo, el ejército se ha posicionado claramente a favor del tirano, amén de los bloqueos informativos, presentes en todos los países anteriormente citados. Y, en situaciones tan inestables, contar con el apoyo de la mayor fuerza, representada por el mencionado ejército, a menudo decanta la balanza hacia aquellos a los que presta su apoyo. Esto es así porque, le pese a quien le pese, las revoluciones nacen, triunfan o perecen a sangre y fuego, desde que el tiempo es tiempo.

Ahora soplan vientos de cambio en la otra orilla del Mediterráneo, el pueblo árabe ha despertado y sus ciudadanos protestan por un futuro mejor, para ellos y sus hijos. La democracia ha demostrado en el denominado Primer Mundo que tiene muchas, muchísimas carencias pero, para ellos, supone un paso adelante. Un gran paso. Esperemos que no se caigan a medio caminar.

 

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